
No hay nada mejor que ver la nueva película del "joven" Indiana Jones, para alegrarte el día. Es la conclusión que sacamos entre aquellos amigos que fuimos a ver su última entrega. Y habéis oído bien, no me he confundido, he querido decir joven Indiana Jones. Y es que a mí y a toda una generación a la que pertenezco (cercana a la treintena) este héroe de acción nos trae grandes aromas de infancia. Todavía me parece estar oliendo el cuero del viejo (viejísimo debe ser ya) látigo de Indi y ese sombrero que siempre me deja el deja-vú del gran Humprey Bogart en Casablanca.
Indi es y será nuestro héroe de infancia, nuestro tótem de veneración juvenil. Y es que viéndole me parece estar jugando a chapas en la pista del barrio, al pilla-pilla o a las guerras de globos de agua en verano. Me asombra cúanto puede llegar a rememorar una película. Luego podemos a entrar a discutir si la última entrega de Indiana, es mejor o peor que las anteriores, si tiene un guión más flojo o si se deja llevar hacia terrenos demasiado fantasiosos. Pero lo que en el fondo vamos a ver la gente de nuestra generación es al Jones de nuestra infancia, al que por encima de cualquier superhéroe actual, podemos decir que es nuestro gran amigo Indi.